La vigencia e importancia de los movimientos sociales en una etapa de cambio

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Tras años de una desértica presencia de los movimientos sociales en la vida política las últimas décadas, a partir de la mal llamada crisis y especialmente con el 15M, se produjo una eclosión de movimientos de diversos perfiles y características.

quinze_de_maigSurgen de la necesidad de la defensa de los intereses mermados o directamente desmantelados de sectores muy específicos, por las medidas de recortes impuestas por la U.E. y aplicadas con obediencia por el gobierno del PP. Las Mareas reflejan con sus diferentes colores este fenómeno: verde- educación, blanca-sanidad, naranja-dependencia; las Marchas de la Dignidad ,la PHA; el Tren de la Libertad, etc.

Decimos movimientos en plural porque justamente es en esta característica en la que habría que centrar el análisis de la aparición de un tejido social activo y movilizado, que hoy ya se agrupan en diversas plataformas con capacidad de influencia en la ciudadanía.

Su principal virtud es haber conseguido aglutinar alrededor de un interés concreto a una porción de la ciudadanía inmersa en la anomia, conseguido justamente porque el eje era compartir una necesidad y un interés común. Lejos de una contextualización política clara y mucho más distanciados de los cauces de reivindicación que ofrecían las estructuras políticas tradicionales: sindicatos y partidos políticos,.

La defensa de lo concreto parece ser el motor que ha permitido esta eclosión de los movimientos sociales, lo que se evidencia además en acciones muy concretas, puntuales y con mucha fuerza de convocatoria.

Otra fortaleza de estos movimientos surgidos al amparo de la ilusión y la indignación del 15M ha sido ir creando, con más o menos acierto y permanencia, escenarios alteranativos de participación; con la particularidad de ser espacios de creación de nuevas formas de relaciones sociales y económicas: mercados de intercambio y trueque, grupos de consumo, hueros urbanos comunitarios, centros sociales similares al modelo de los ateneos republicanos con diversas actividades contra-culturales y de contra-información que facilitan una alfabetización en la participación ausente hasta el momento, fuera de asociaciones que se habían quedado anacrónicas ante la velocidad de los acontecimientos políticos.

En este momento el escenario político introduce nuevos elementos que afectarán, en mi opinión, la salud y futuro de estos movimientos.

En primer lugar el cambio de color político en muchas instituciones, desde el que se han asumido programáticamente muchas de las reivindicaciones de estos movimientos, puede tener dos riesgos:

  • ser fagocitados por los partidos emergentes de izquierdas, bien incorporando las personas relevantes de los movimientos hacia las listas electorales y cargos públicos sin capacidad de relevo en el liderazgo

  • crear la falsa sensación de que una vez asumidas sus demandas en los programas de estos partidos políticos, se imponga la cultura fuertemente arraigada de la democracia representativa a través de los partidos, abandonando los movimientos en esa delegación de la responsabilidad de lucha.

Como ejemplo podemos citar la década de los 80 en la que las organizaciones de participación ciudadana nacidas bajo el paraguas de “una etapa de cambio”: ONGs, AAVV y otras, terminaron por convertirse en gestoras de programas “a la carta” de las administraciones o meros símbolos testimoniales, o espacios de eencuentro con poca capacidad de relevo con personas jóvenes.

El momento actual requiere una reformulación de la democracia participativa que articule los diferentes niveles de participación y genere en la ciudadanía la conciencia de actores y actoras de su tiempo. Lo cual supone una nueva cultura democrática que ha de desaprender la cultura impuesta desde la transición de la delegación a ciegas en los representantes políticos sin capacidad para exigir el cumplimiento de las propuestas programáticas hasta pasados los 4 años con nuevas elecciones, en las que se aplica el voto de apoyo o castigo.

Por otra parte, la falta de contextualización política y global de cada lucha sectorial dentro de la lógica estructural del sistema capitalista neoliberal, que más allá de un momento coyuntural, es una flaqueza que puede hacer que estos movimientos vayan perdiendo fuerza o se vean abocados a la desaparición.

Un elemento fundamental en este aspecto es la velocidad en que se ha producido esta demanda de cambio desde los movimientos sociales emergentes. Lo que produjo una falta de tiempo en términos históricos, que ha impedido hacer pedagogía política a través de la cual se genere una mirada crítica global y un análisis más profundo de las causas estructurales de las crisis cíclicas del sistema, y en especial la producida en el 2008.

Los cambios generan fuertes resistencias, si bien tienen la contrapartida de la ilusión, siempre y cuando la pedagogía consiga , por un lado conectar con las necesidades de la ciudadanía abarcando la diversidad, incluya nuevos intereses hasta ahora marginados u olvidados por la izquierda tradicional como es el interés por el planeta incorporando planteamientos ecologistas, una nueva forma de relacionarnos y la evidencia de la desigualdad de género como tema estructural que pasa por el principio feminista del cuidado, el empoderamiento de las personas que les proporcione la sensación de tener la capacidad de influir en los procesos que nos afectan cotidianamente.

Esta pedagogía política debe , además ,asumir no solamente la crítica sino la alternativa con propuestas claras y alcanzables a medio y largo plazo de construir un mundo más habitable en términos humanos, lo que nos remite a recuperar el valor de lo común, de la interdependencia, del concepto de proceso frente a la iText1nmediatez, superar el individualismo y el consumismo.

Este discurso que podría ser un embrión del pensamiento altermundista, está aún confeccionándose, teniendo enfrente a sectores que tienden al inmovilismo y sectores que van improvisando una nueva cultura política.

A mi entender la vigencia de la necesidad de los movimientos sociales, con las características que han evidenciado en tanto que potencialidades de generación de un entramado social activo y organizado, es hoy, más que nunca imprescindible para garantizar ese tránsito, ya que son los únicos que tocando realidades pueden ser el motor de un cambio profundo y no quedarse en un maquillaje de la democracia que nos abocaría a más de lo mismo.

Por definición los movimientos sociales no son simples medios del cambio social ni la expresión pasiva de tendencias sociales de cambio, sino actores que se involucran activamente en el curso de los acontecimientos con el fin de influir sobre el desarrollo de los mismos.

Patricia Olascoaga – Coordinadora d’ATTAC País Valencià

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